20080812

Mi Reflexión sobre la Decadencia de un Pueblo

Tenía la intención de hacer un resumen al final de cada isla, comentando las mejores y peores situaciones que había tenido mientras viajaba a través de ellas.
Pero tras hablar detenidamente con las familias con las que he convivido, pues tiempo de sobra he tenido para ello, y la cantidad de información ofrecidas por "palangis" (extranjeros) que viven en las islas desde hace mucho tiempo, me he visto en la obligación "ética" de dejarlo todo para este final, y escribir no sólo las barbaries realizadas por los navegantes y los representantes del dios de aquella época, (que me han contado las gentes, al menos en las zonas visitadas), y que aún continúan estos religiosos haciendo sin pudor, sino de ciertas costumbres que ya se han arraigado fuertemente en muchos pueblos y que en su momento nada tenía que ver con ellos. De hecho todas las islas que he visitado están denominadas "las Islas del Cinturón Bíblico", debido a la exagerada religiosidad de sus habitantes, a quienes se les ha impuesto un gran miedo al infierno y un deseo fervoroso por la llegada del "Apocalipsis", objetivo final para alcanzar el paraíso. ¡¡Cómo si ellos no vivieran en uno mejor!!
Ni que decir, y me lo puedo imaginar, en cientos y cientos de otras islas de los diferentes archipiélagos que compone el Pacífico.
Y como ejemplo muy cercano a mí, tengo a las Islas Canarias, que durante los siglos XV y XVI
sufrieron de igual manera los isleños, por quienes enarbolaban la bandera de un dios "envidioso, egoísta y asesino".
Desde hace mas de 17 años, sabía la existencia de Tonga y Samoa por alguna que otra serie de viajes de TVE, como "Otros Pueblos", (del reportero
Luis Pancorbo, que lleva muchos años haciendo muy buenos reportajes, y quien fue el que me abrió los ojos para salir mucho más lejos de Europa, al igual que la periodista, de la misma televisión, Carmen Sarmiento, con "Los Marginados"), que en su momento había grabado en vídeo VHS. O del Surf Report de la revista americana Surfer Magazine, de Fiji e Islas Cook. En aquella época era para mi impensable volar hasta el Pacífico. No sólo por el precio de los viajes en avión, por la poca infraestructura turística que disponía aquellas islas, sino por mi inexperiencia viajera. Allí sólo iban los turistas y los surferos ricos, quienes pasaban unos pocos días en "pack-etes" turísticos de agencia de viaje.
Por lo tanto, conocía su cultura, tradiciones, formas de vida, sus comidas y las quería vivir in-situ, pero jamás imaginé el daño que habían producido las disputas religiosas por el reparto del tan apetitoso "pastel" de las islas polinesias, micronesias o melanesias, entre las diferentes ramas en las que estaba dividida en aquella época el Cristianismo.
El continuo paso de navegantes y comerciantes, entre los s. XVII al XVIII, a través del Pacífico, era conocido por las religiones europeas, hambrientas en convertir al cristianismo a nuevos pueblos "inferiores", "perversos" y "promiscuos". Los misioneros sabían la posibilidad de cristianizar, y allí se dirigieron. La Sociedad Misionera de Londres (ahora, Iglesia Congregacional), fue la primera en desembarcar, y comenzar a convertir a las nuevas almas, rebosante de paganismo. Le siguieron los Metodistas, Católicos, Mormones, Testigos de Jehová, Adventista del 7º día..., y así hasta constituir las 52 existentes hoy día, por ejemplo, en las islas de Samoa. Incluso se peleaban entre ellas, como sucedió por los celos producidos entre los Wesleyanos (S.M.L.), contra el misionero Shirley Baker, aliado con el rey Taufa'ahou (bautizado Siaosi o George, en 1831), y que quisieron expulsar de la misiones culpándolo de adulterio, para así poder tener más campo de acción en Tonga. Por lo que creó otra nueva religión llamada la Iglesia Libre de Tonga, y con la ayuda del rey obligaron a todos los isleños a cambiarse de iglesia en favor de la nueva de Baker. Quienes se negaban eran desposeídos de sus tierras. E incluso intentaron asesinarlo en varias ocasiones, siendo 6 misioneros ejecutados por el intento frustrado, y 4 expulsados de la isla, y exiliados en Fiji.
La imposición de absurdas leyes, que abarcaban todos los aspectos de la vida diaria bajo dolorosas penas, basadas toda ellas en las enseñanzas misioneras y doctrinas religiosas, fueron diseñadas para mantener a los isleños píos, fieles y libres de tentaciones, y así asegurar las reglas de "la ley y el orden moral". De esta manera consiguieron neutralizar las diferentes sociedades polinesias, frenar sus ancestrales costumbres y manejarlos a su antojo. "No hay otra cosa en la vida que los textos sagrados, que hay que enseñar al pie de la letra ("que muchas veces con sangre entra"), claro, interpretado siempre a "su manera" por los interesados religiosos, y asistir a misa todos los días". Y donar, y donar. Y donar cada vez más para el mantenimiento de la iglesia, y la "buena vida" de los pastores. Desaprobaron un código moral sancionado por una tradición secular y prohibieron las antiguas canciones y danzas en honor de los dioses tribales. Los recién llegados se manifestaron contrarios a todas las creencias y conocimientos que hasta entonces había servido de base a la vida de los polinesios, pues significativo era que su religión no asumía que la humanidad era pecadora desde un principio, ni que el hombre debía pagar por ello. Al contrario, para ellos existía el cielo, pero no el infierno.
Sabían la existencia de la esclavitud y por intereses no lo impedían, pues decenas de miles fueron secuestrados para realizar trabajos forzados en campos de caña de azúcar y algodón, sobre todo en la época de la guerra civil americana, y se había interrumpido allí las cosechas, o provocaban guerras tribales, para así seguir teniendo más campo de acción. Entre Alemania, EE.UU. e Inglaterra se presionó para que se pelearan las familias reales por el poder de gobernar las islas, y así vender armas, beneficiando siempre a la que más interesaba. "Imperialistas" por el control del Pacífico.
Los misioneros llegaban a pactos ficticios con los diferentes reyes, y que luego eran engañados con la promesa de una vida exquisita en el más allá, junto a un complaciente dios.
De los barcos balleneros, aquellos que masacraban un millón al año en el Pacífico, desembarcaron rudos marineros, portadores de enfermedades procedentes de todos los puertos del mundo. Las epidemias no tardaron en extenderse entre los nativos, y la desesperación y el asombro se apoderaron de todos ellos. El choque de civilizaciones transformó por completo los cimientos de la vida de estos pueblos, y la mayoría de los isleños perdieron por completo todo vínculo con su pasado.
En el museo de Apia (Samoa) estuve viendo una exposición fotográfica de la época, tomada por los primeros viajeros y misioneros alemanes, a comienzos del 1900. La serie comienza con esbeltísimos polinesios cargando cerdos de cientos de kilos, guapísimas mujeres de bellos pechos, delgados cuerpos y coquetas caderas vistiendo únicamente una faldilla de hojas de pandano. Eran hombres guerreros cazadores y reproductores, mujeres trabajando la tierra, la casa y cuidando a los niños y niños que empezaban a curtir musculatura por el que hacer diario, tan solo con la ayuda a sus padres en todo tipo de labores.
Pero la desgracia comenzaba a fraguarse en esta sociedad. No habían pasado más de 50 años, y otras fotos mostraban enormes cuerpos llenos de grasas por el poquísimo movimiento, escrupulosamente tapados y aguantando las altas temperaturas de esta zona del Pacífico. Incluso bañándose en el mar o lavándose en el río sin poder quitárselas, porque, sencillamente, dios lo prohíbe (¡que me recuerda esto a otras religiones también fundamentalistas!).
Ahora se puede ver muchísimos individuos en el interior de sus casas, en los patios, en los comercios, tirados sobre sus esterillas de hojas de pandano. Y lo único que hacen, por ejemplo, la mayoría de las mujeres, son esterillas y siapos (telares pintados sacados de la piel de las ramas de árbol) para ese uso, o venderlas, hacer de comer (aunque mucha de las veces lo hacen los hijos mayores) y cuidar de los niños. Las más avispadas trabajan en el mercado o recaudan fondos para el poblado, osea la iglesia. Viven en una tierra tan rica en frutos que con solo salir de casa y adentrarse en el bosque ya tienen que comer en el día. Pero con esos cuerpos tan pesados cualquier movimiento es fatigoso. No les interesa vivir del cultivo porque es muy duro. Prefieren comprarlo. La "dejadez" que produce el estar tirado por los suelos, a cualquier hora del día, ha hecho comprender a muchos jóvenes y no tan jóvenes, con aspiraciones de futuro, el tener que emigrar hacia N.Z., Australia, o EE.UU. a por mejor salario porque apenas hay donde trabajar, y así poder ayudar a los familiares que se han quedado en la isla. Y ahora la pescadilla se muerde la cola. El motivo: una gran mayoría, no trabajan porque reciben mucho dinero "de fuera". Las multinacionales siguen comprando los terrenos heredados por las familias, ya que éstas o se han embargado por el consumismo importado, o han abierto los ojos, "ciegamente", al poderoso "don dinero".
Que diferencia en las Islas Fiji. Con la llegada de los hindúes, traídos por los británicos para trabajar en la caña de azúcar, y tras el paso de las generaciones, se ha hecho un país muy competitivo. Hay producción propia de muchísimos productos. Todo el mundo trabaja. Y paradógicamente, son sólo los fijianos o los tonganos, quienes insultan a los palangis, destruyen sus comercios e intentan echarlos, cuando son ellos mismos los primeros en emigrar a otros países en busca de mejor futuro. Esto no ocurre en Cook o Samoa. Los fijianos siempre se quejaron que los ingleses aprovechando la ocasión de meter caña de azúcar en el mundo occidental cuando los americanos entraron en guerra civil, trajeron muchísima mano de obra barata de sus colonias del sur de India, y éstos con el paso de los años se quedaron definitivamente. Defienden la dignidad del pueblo fijiano y del Pacífico, y que no sean los extranjeros quienes los destierren de sus propias islas, como sucede en Nueva Zelanda con los Maoríes, Australia con los aborígenes, Nueva Caledonia con los Kanaks, o Irian Jaya Indonesia con los nativos, pues todos han sido reducidos a reservas.
Mientras van llegando ayudas internacionales a unas islas que cada vez importan más de lo que exportan (prácticamente copra o banana), el pueblo se está haciendo más perezoso. Pero tienen móviles, juegan en el cíber, beben cerveza y alcohol de alta graduación hasta terminar peleando. En Nadi (Fiji), cada fin de semana, las peleas a puertas de las salas de fiesta son monumentales, o en las salas de billar, donde casi a diario pasan muchas horas. Apenas ví algún que otro hindú-fijiano pululando por ahí, ya que se arriesgan a ser machacado por los nativos, que suelen ser "los de siempre", bastante borrachos. En varias ocasiones yo también me ví muy intimidado por ellos. Pero es que, borrachos, sacan todo lo peor que tienen en su interior, siendo muy desagradables y pesados. Ellos mismos lo reconocen. Se respira un tenso aire entre los habitantes, sobre todo las personas mayores que son más vulnerables y miedosas. Luego, en el fondo, son bellísimas personas, y muy amables.
Las familias fijianas ofrecen todo lo que pueden compartir, como es tradición.
En Samoa se bebe muchísimo refresco y poca agua mineral. Y es que el agua embotellada cuesta más caro que las de Fanta o Coca Cola. Y como llueve tanto, todas las casas tienen tuberías de canalización de agua caída sobre los tejados que envían a grandes depósitos que siempre están llenos. Por lo tanto, es gratis. Y al isleño le jode mucho pagar casi 2 € por una botella de litro y medio, mientras que una de refresco cuesta 1 €.
El "neocolonialismo" que ejercen las potencias cercanas sobre las islas es aterrador. Han introducido masivamente vehículos japoneses, bebidas refrescantes, comidas congeladas o enlatadas, extraordinarios hoteles, llevándose todo el capital fuera. Un capital procedente de los préstamos concedidos a cambio de votos en la ONU o concesiones pesqueras en la zona. O para que le sigan comprando sus productos.
Por las calles, o mientras charlaba con ellos, a muchísimos, los he notado pero que muy tristes. Bueno, a veces, algunos hacen un esfuercillo por sonreír.
Muchos tonganos prefieren comprar la "comida para llevar", normalmente el "BBQ" o barbacoa, de pollo, salchichas o cordero (todo ultracongelados de importación) con Taro, Fruto del Pan o Banana verde, sancochados y aderezado con salsa sabor a nada, porque la grasa no sabe a nada. No se ven tomando ni café, ni té, ni un helado, en las calles, haciendo sociedad. Los pocos bares que hay donde se puede sentar a tomar algo son para los extranjeros. Pero por otro lado los jóvenes sí que salen de marcha y gastan mucho dinero bebiendo licores.
No hay zapateros, ni peluqueros. Todo lo hacen en casa. Aunque ellos mismos están en contra de su situación y de su sociedad, y lo reconocen, no hacen nada por resolverlo. ¿Pero que ha pasado realmente con esta sociedad, si los habitantes del Pacífico llegaron del sur-este de Asia o América (según teorías) con sus ídolos, sus bailes, sus cantos, sus historias, y su misma forma de vivir...? Por ejemplo, los misioneros también estuvieron en Filipinas, y ellos han podido continuar su vida de trabajo en la tierra y en el mar. Pues que los religiosos no han sido tan radicales como en el Pacífico. Cualquier isla asiática es igual a las del Pacífico. Casi la misma flora, fauna o lluvia. Lo único que cambia es que el polinesio dejó de trabajar. Y encima está prohibido, en la mayoría de los lugares trabajar sábados tarde y domingos. Aunque esto poco a poco lo están intentando cambiar. Y en muchos pueblos bañarse en la playa los domingos es delito. Cuestión religiosa... "obligación de asistir a misa". No molestar a los que descansan, dicen algunos. Muchos reconocen la falsedad en las iglesias. Asisten a misa todos los domingos, y varias veces entre semana, sobre todo por el que dirán... Y por eso a muchos nos les importa llegar tarde. Lo principal es que te cuenten. No hacen ni vida social en ella. Al acabar casi todos huyen del lugar. Muy pocos se quedan un rato para conversar con los demás. El domingo es para comer, comer, y luego dormir. Que por la tarde hay que volver otra vez a misa. Los domingos es para no hacer otra cosa. Las familias no salen al campo ni a la playa a hacer vida social con las demás familias. No conocen su isla porque no salen del pueblo, aún teniendo vehículo. Cualquier información turística te la puede dar el palangi que está viviendo en la isla, y muchos hacen de guía como segunda ocupación ganando cantidad de dinero. Pero al isleño no le interesa ese tipo de trabajo. Y lo peor es que luego se quejan. Al caer el sol, más misa. Cantos, sermones, citas bíblicas, y gritos enfurecidos de histéricos pastores a un rebaño que en muchas ocasiones se quedan dormidos. He visto feligreses leyendo el periódico, sentado atrás, durante la celebración. Los jóvenes apenas asisten por las mañanas a misa. A sus padres no les importa. Ellos tienen que estar ahí. Ser controlado por la comunidad. Donar, y donar. Y quien no lo hace será castigado. Hay quienes han sido expulsados del poblado o incendiado su vivienda por no cooperar en el mantenimiento secular.
En muchas iglesias de Samoa, un listado en la pared, junto a la puerta anuncia las cantidades "donadas" por los feligreses. Otro pastor apunta en una libreta el dinero que se da "voluntariamente" los domingos. Muchos presumen cuando el cura anuncia tras el sermón las cantidades aportadas. Todos se conocen y saben cuanto dinero reciben de ultramar o cuanto tienen ahorrado. No hay secretos. Hay muchos que se esconden por la noche para comer a escondidas, y no ser controlado por otras familias, o la suya misma..
La mayoría de los jóvenes han renegado la vestimenta tradicional y visten a lo "afro-americano". Casi todos de estilo rapero. Ya no tienen cultura propia. Y nos les importa. Todo se aprende de la TV, pues no hay otro entretenimiento como antaño que se reunían en el poblado para bailar o cantar.
En Nuku'alofa (durante las protestas en contra del gobierno, los hindúes y los chinos) en 2006, los tonganos quemaron las tiendas y almacenes de aquellos, e incluso su propio cine, destruyéndolo completamente, por lo que la TV y los DVD's de alquiler marca el estilo de vida.
Un día, en el mercadillo de Neiafu, norte de Tonga, había colgada, en un puesto, una camiseta de chica que tenía impresa en colores muy brilantes "Víctima de la Moda". Me hizo gracia, y sonreí, y justo a mi lado, una señora también sonrió. Le dije que eso pasa con muchos jóvenes en Tonga. Ella cambió la cara. Dijo: "NO!!, eso no ocurre con nuestros jóvenes!". Le dije que sí. Y que mirara, por ejemplo, a un muchacho, unos metros más allá de nosotros, que vestía, con casi 38º, a pleno sol, un jersey rapero de capucha que le tapaba hasta la nariz. "Auténtico estilo rapero americano". Me dijo: "ese chico, es mi sobrino". Mi siguiente frase fue: ..."ah!, ok!, ok!", y marché del lugar con las ideas bastante claras.
Los muchachos desean salir de las islas, ganar mucho dinero y lucir los coches que se han comprado fuera. Las chicas en casarse con un palangi (al igual como piensan sus padres, tios, hermanos y primos), para así pegarse al marido y trincar todo el dinero posible para mandar a toda su familia. O irse a vivir al país del marido con las mismas condiciones. A lo más que pueden realmente llegar, en muchísimas ocasiones, es terminar los estudios, la carrera y trabajar en la tienda de algún chino o hindú. Saben que no tienen ningún futuro viviendo en Samoa o Tonga. Las tonganas utilizan internet para relacionarse con otros chicos, porque no hay otras opciones. No hay lugares de reunión. Y las fotos de las féminas en posiciones eróticas ("indecorosas" o "diabólicas" que diría cualquier "buen cristiano") frecuentemente circulan entre los correos juveniles, que por cierto, encontré en algunos ordenadores de los ciber... Muchas trabajadoras de los ciber, están casi todo el día, en horas de trabajo, enganchadas a internet. Y para ser una sociedad extremadamente religiosa tienen relaciones sexuales muy temprano, y en muchos casos los padres las llevan a abortar a Fiji o N.Z. cuando quedan embarazadas. Saben que padre-dios podrá hacer una excepción con "el problema" que le ha "caído" a su hija (y su familia).Que incongruencia en una sociedad tan radicalmente católica.
Las chicas samoanas de muchos pueblos no pueden relacionarse con otros chicos porque no es correcto alejarse de él, ni siquiera visitar los demás poblados. Otras no pueden ni casarse en el suyo porque algunos están habitados por sus mismas familias. La mayoría ni conocen los pueblos que se encuentran a 2 o 3 kms.
Quienes salen bastante favorecidos en estas situaciones son los hijos de muchos pastores, que como me contaba Miguel, un uruguayo casado con una samoana, ..."se están culeando a todas las chicas del pueblo", o estudian en las mejores universidades alemanas, ya que son enviados con dinero de la propia comunidad. Los constantes "regalos" de los feligreses, hacen que las familias de los predicadores sean una de las más favorecidas económicamente, ya que están muy reconocidos por la labor pastoral que ejercen en nombre de dios.
Pero lo más sangrante que escuché fue que muchos padres, o tíos, o..., quedan eximido de la pena y "del pecado" por la violación de su propia hija, o sobrina, tras pagar un "correctivo" económico, pero no moral, impuesta por el pastor del pueblo, otras veces por los matais o jefes, y todo vuelve a la normalidad. Hay mucho, pero mucho incesto. En muchas ocasiones no existe los derechos humanos para los menores. Todo queda en silencio, dentro de la familia, porque nadie cuenta nada, ni denuncia. Y si un conductor reincidente, temerario o alcoholizado ha matado a tu hijo/a, haz de perdonar a ese asesino, y continuar la vida normal. Eso es "ALOFA". Los padres maltratan a sus hijos/as, como los misioneros enseñaron. Y es "por amor". Es ALOFA. Fui testigo de algunos golpes a niños de entre 1 y 3 años. Las espaldas completamente moradas, con dedos marcados. Sus madres decían que eso es una "enfermedad" muy normal, pero desconocida, que sale en algunos niños samoanos y que con masajes se quita. Pero es que más tarde la he visto golpeándolos, en mi presencia. No los llevan al hospital, siempre a curanderas de otros poblados. Muchos padres borrachos pegan también a madres e hijos sin piedad. Y tienen, tristemente, el índice de suicidio infantil más alto del mundo.
En Tonga, un trabajador de 30 años de Ha'atafu me contaba que desde muy pequeño sufría las palizas diaria de su padre hasta los 15 años, para así "hacerle fuerte en la vida". Y no era el único. Todos sus amigos pasaron por la misma situación en sus propias casas. Se notaba, al expresarse, que arrastraba una enorme frustración y resentimiento, y una tristeza que se reflejaba en sus ojos mientras lo narraba.
Los padres, raramente alientan a sus hijos, por que no es costumbre, por lo que los más jóvenes apenas tienen ambiciones.
Muchos hombres de la casa, como norma general, comen solos, o con los pastores, separados de sus mujeres e hijos, y cuando acaban, éstos, comerán los restos, (es también muy normal en muchas otras culturas), símbolo de patriarcado, que demuestra claramente un marcado machismo.
Con todo esto, y que seguiré escribiendo según vaya recordando más hechos, quiero resaltar que surge en una sociedad que tampoco se diferencia mucho de la mía. Cada vez que oigo noticias en radio o TV sobre nuestros comportamientos, más me acuerdo de lo vivido. Pero lo más indignante, para mí, es que se trata de pueblos dirigidos por muchos gobernantes influenciados por cantidad de pastores, elementos represores en la religión católica de la zona, y matais ultracatólicos, que es el fondo de mi reflexión.
Es cierto que hay bastante gente que se siente feliz al abrazar todo ese compendio de religiones afincadas en el Pacífico, pero la realidad, para mí, lo que me queda, es lo que he vivido.... Pero no debo olvidar esas otras tantas, que viven muy presionadas y deben callar.
En ningún momento han sentido vergüenza ni reparo al responderme a todo lo que les he preguntado, e incluso ellos han aportado cantidad de datos, para muchos desconocido. Algunos pensaron que mi profesión era la de periodista. Quienes fueron más reacios a hablar claro fueron los más cercanos a la iglesia.
¿Y porqué no me callo...? Podría, y no contar nada... He sido tan feliz compartiendo mi tiempo con toda esta gente de diferentes culturas, y se han portado tan bien conmigo, que les debo mucho.
¿"Y por que hago comparaciones con la parte del mundo donde procedo"?, me escribía con insultos, en "comentarios", un radical religioso. Porque creo necesario hacerlas para poder reflexionar sobre las injusticias. Todos hacemos comparaciones cada día en nuestra vida. Y porque sin comparaciones no hay progresos en ningún campo.
Y no dejo que NADIE me diga lo que "tengo que hacer", y menos los fanáticos religiosos, que intentan siempre, por todos los medios, hacer callar a quienes critican sus manipulaciones.
Que pasa, que si yo fuera un periodista de reconocido apellido, lo que escribo, ¿sería más creíble?. Pues he sido testigo de todo lo que he contado, y aprobado por quienes fueron mis fuentes de información.
Ni si quiera lo escribo con frases claves para publicitarlo fácilmente por internet, ES PERSONAL, y sólo lo conocen mis amistades, que cuando me piden que cuente algo de mis viajes, les recomiendo que lean mis blogs, y así me evito continuas largas charlas "entre cervezas"... con el consiguiente resultado...
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